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Se cumplen 15 años del asesinato del ex jugador Andrés Escobar Saldarriaga |
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El 2 de julio de 1994 no salió el sol en Colombia. El futbolista, líder de la zaga Tricolor e ídolo de la afición verdolaga, era acribillado en una discoteca a las afueras de Medellín. Hay recuerdos escritos en los recodos de las páginas negras de la vida de cada ser humano que están sentenciados a permanecer en la oscuridad que solo produce el olvido. Sin embargo saltan a la memoria cada vez que se conmemoran y esta se transporta inmediatamente para revivir el momento triste.
Uno de esos tantos instantes en los cuales la desesperanza se posó en el cielo en lugar del sol fue aquella madrugada del sábado 2 de julio cuando 12 disparos acabaron con la vida de "El caballero del fútbol".
Nueve días antes, Andrés sentenciaba su suerte paradójicamente en un campo de fútbol. Corría el minuto 33 del segundo duelo mundialista de la Selección Colombia ante Estados Unidos.
Escobar con el '2' en su espalda se estiró en el corazón del área para evitar que el balón llegara a John Harkes en una pelota cruzada lanzada desde izquierda por Wynalda. Sin embargo la pierna derecha de Escobar terminó por introducir el balón en la portería de Óscar Córdoba.
Pasaron pocos segundos pero toda una vida antes que Escobar se parara del gramado del Estadio Rose Bowl de los Ángeles. Las manos en la cabeza y su cara de prisionero condenado a muerte prosiguieron en la escena que está grabada en el recodo de esa página negra. El tanto en contra provocó en Andrés una implosión de ego que cubrió la escena con un manto de desazón como si se acabara de perpetrar un homicidio. Nueve días después la escena cobraba vida.
Al margen de la eliminación tempranera de la Selección nacional en la cita orbital, la plantilla de jugadores retornó al país en medio de la desazón generalizada por todas las expectativas que tenía la afición en el combinado tricolor que fue catalogada como 'favorito' para llevarse el Mundial.
Ese viernes 1 de julio Andrés estuvo en compañía de varios amigos a las afueras de Medellín en una de las discotecas de la Vía a Las Palmas. Cerca de las cuatro de la madrugada del día siguiente, cuando el futbolista se disponía a partir a su residencia, fue increpado por el guardaespaldas de los hermanos Gallón Henao y ante la respuesta de este exigiendo respeto, Humberto Muñoz Castro sacó su arma de fuego y cegó la vida del ídolo futbolístico.
Años después su compañero Alexis García comentaba que nunca se había despertado de la pesadilla de aquella madrugada. "Un error en una vida de aciertos acabó con su vida. Esto solo pasa en Colombia donde la justicia no existe," reclamaba su padre, Darío Escobar, quien falleció el año anterior tras una insuficiencia respiratoria.
Hinchas del fútbol o no, el asesinato de Andrés marcó la vida de todos los colombianos que miraban como lentamente sin posibilidad de detener la hemorragia, el país se desangraba por la extrema violencia de la época.
Escobar sigue en la memoria de todos porque bien es conocido en palabras de Manuel Mejía Vallejo que la única forma de morirse se da con el olvido.
Y como titula la obra bibliográfica del periodista Gonzalo Medina, Andrés fue, la sonrisa que partió de madrugada... Tomado: Futbolred
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